sábado, 14 de octubre de 2017

   

   Elías, por favor, baja. Venga hombre, que no es para tanto. Yo a veces tambièn me siento desbordado, nos pasa a todos, pero con esto no solucionas nada. Ya, joder, ya sè que hablo sin saber, pero hago lo que puedo. Tú siempre sabes que decir? Pues eso. Si te parece que el papelón que me ha tocado es la hostia de bueno, nos cambiamos. Venga, coño, que estoy cogiendo frío y ya era lo que me faltaba. Baja de una puta vez. Hay un bareto en la esquina que está de puta madre para tomar unas cervezas tranquilos. Venga tío que no estaremos mucho mejor tomando unos tragos que aquí con este puto aire helándonos hasta los huevos. Hazlo por mi joder, que lo último que me faltaba era pillar una pulmonía. Teresa se fue, lo sabías? Nada, hace tres días. No, no es como las otras veces, esta es de verdad. Tampoco importa mucho, mi vida es una mierda con ella o sin ella. Pero ahora apesta un poco más. Ala! Ya lo has conseguido! He tenido que subir, ya que tú no bajas. Está alto de cojones esto. Se puede saber què haces aquí? De verdad que porque te han despedido te pones en este plan? Eres la leche, joder! María está abajo hecha polvo, cuando yo subía iba a llamar a la pasma. La tienes a ella joder y al puto perro. Yo, sin embargo, què cojones tengo? Te lo dirè; una mierda de trabajo que me ahoga, un puto piso de alquiler que parece un nicho, con los cajones que dejó Teresa vacíos. No tengo una mierda, no soy una mierda. Sabes què? A tomar por culo! Nos vemos en el infierno.
 Elías se quedó con los ojos muy abiertos viendo como el cuerpo de Roberto caía al vacío, se quedó allí hasta que, abajo, en la calle, aparecieron las luces de ambulancias y policía. Sólo entonces, con mucho cuidado, se levantó y se separó de la cornisa.

jueves, 11 de agosto de 2016

     Al margen


     Dice que fue involuntario, cree que pudo ser de rabia o incluso

de pena, no sabe explicar muy bien qué sucedió. En su defensa

alega que le pusisteis al frente de su comunidad demasiado pronto.

Después de mi larga vida como humano cuesta un poco adaptarse,

eso me dijo. Asegura que no volverá a ocurrir, que al ver la

catástrofe que estaba produciendo el fuego se dejó llevar por

pasiones propias de humanos y olvidó, durante un instante, su

condición. La lluvia no dejó de caer hasta que todos los incendios

estuvieron extinguidos y él no fue consciente de su intervención

hasta que la calma regresó a la zona. Necesita un poco de tiempo

para controlar sus propias fuerzas, me confesó que ser un Dios no

le estaba resultando fácil y la ley de no intervención necesitaba

practicarla más. Ruega al Gran Consejo que tengan todo esto en

cuenta a la hora de valorar su traslado.


martes, 5 de julio de 2016

   



     
  El sistema, final


       Coincidían en el cambio de turno, un minuto o dos.

 Elisa sintió  los ojos de Marcial siguiendo sus pasos mientras 

se dirigía a su mesa. Al principio se asustó, había llamado la 

atención de uno de los supervisores y eso no era bueno. 

Luego, cuando tuvo valor para mirarle ella también, 

descubrió su disimulada sonrisa y supo que no tenía nada 

que temer. Estaba un poco nerviosa, hoy esperaba 

averiguar algunos datos que le permitirían comprender 

qué estaba sucediendo en aquel inmenso sótano 

donde acudía cada día a trabajar. Apenas le faltaban 

unas piezas para encajar en el puzzle de aquella gran 

mentira en la que se había convertido su vida, 

la vida de tod@s ell@s.


 Cuando Marcial llegó a su puesto lo primero que hizo, 

con gestos nerviosos, fue revisar las incidencias del turno 

anterior. Al entrar en el sótano dirigió sus ojos al 

encuentro de la figura de ella, pero no estaba. 

Mientras recorría con avidez las líneas escritas 

en las hojas que había dejado el otro supervisor, 

sintió, aún antes de ver su nombre en ellas, 

una pesadumbre insoportable. Allí estaba, 

Elisa Maxwell reciclada a las 12,45 por actitud 

sospechosa hacia el sistema. 

miércoles, 29 de junio de 2016

   



     

     El sistema ll


       Cuando no estemos nosotros vendrán otras gentes a ocupar

 nuestro lugar, no te preocupes. Recuerda que la nuestra es 

 una gran labor, todo lo que sucede arriba, incluso lo 

 que no llega a pasar, depende de nuestro trabajo. 

 Descansa un rato y cuando estés mejor seguimos. 

 ¿Qué por qué fuimos los elegidos? Sólo los que tenemos 

 el alma pura podemos realizar esta tarea. No digas eso, 

 tu alma es de las más limpias que he visto en mi vida. 

 No puedo responderte, no tengo las respuestas que buscas.

 Insistes, eso no ayudará a que te recuperes, 

 deja la mente en blanco y respira por esta mascarilla, 

 así está bien. El plazo normal había expirado a las cinco, 

 Marcial miró hacia el gran reloj que colgaba del muro, 

 eran las ocho. Con cierta pesadumbre apretó un timbre 

 que había medio escondido en la mesa.  

 A los pocos minutos ya se lo habían llevado. 

 Apenas opuso resistencia, pero seguía preguntando.  

 Mientras preparaba al que ocuparía el puesto vacante, 

 Marcial no dejaba de mover la cabeza de un lado a otro 

 en pequeños movimientos contrariados. 

 Animaba al nuevo en la tarea a la vez que él mismo borraba

 cientos de datos, cambiaba declaraciones 

 y dejaba expedientes inmaculados donde antes

 había pruebas incriminatorias de diversa índole. 

 Le quedaba una larga noche hasta que entrara 

 el otro turno y pudiese verla un instante, sonrió.
 


           El sistema



Antes de apagar la luz, Elisa escribió algo en un papel. 

Después, deslizandose  entre las sábanas, dejó escapar un gran

suspiro. Las pesadillas la acompañaron durante toda la noche,

el sueño fue inquieto y poco reparador. Al amanecer, dando

 un manotazo al despertador se incorporó despacio y, 

un poco titubeante, se dirigió al baño. No fue hasta 

después del desayuno cuando encontró la nota entre las sábanas.

“Golpea dos veces en el segundo escalón”  Con el ceño fruncido

se acercó a la pequeña escalera que llevaban al altillo, 

después de mirar el segundo escalón como pidiéndole 

explicaciones, lo golpeó. Su cara se iba llenando de vida 

a medida que acariciaba con manos algo temblorosas las fotos,

las cartas. Encontró un cuaderno verde que a modo de título 

decía: Verde, tu color preferido. En él se explicaba cómo 

en los últimos seis meses la ciudadanía era sistemáticamente 

expuesta a un gas desmemoriante y de este modo, lo que 

sucedía cada día se olvidaba durante el sueño. 

jueves, 31 de marzo de 2016




     
    
         Tanto amor

   Se habían conocido por casualidad, en una pequeña tienda de tés

justo debajo de su casa. Ella se resistió al principio, le gustaba 

mucho, pero sus historias siempre acaban mal. Él insistió hasta que 

consiguió una cita. Durante dos semanas, con cautela ella, con 

decisión él, se fue forjando el romance. La primera

noche que pasaron juntos, ella no durmió, por precaución.  Así 

transcurrieron algunos días, hasta esa mañana en la que se despertó 

sobresaltada y sintió con pesar el vacío al otro lado de la cama. 

Sólo quedaba su huella en las sábanas.

Había vuelto a ocurrir, lo había devorado en sueños, sin siquiera 

dejar un pedacito de recuerdo.