lunes, 2 de julio de 2018

   
                    
                     Código ético



    Bailo para seguir vivindo. Algunha xente
corre, outra fai ioga e hai quen escribe. Eu bailo.


    Para esquecer o traballo. Bailo e bailo, e as veces nin así.


    A meu pai petoulle que fose a clases de baile cando era
unha nena. Eu non quería ir, prefería xogar ao fútbol. Pero 
él, que era moi teimudo, propúsose mercar miña vontade có
balón do Celta que tiña o branco máis clariño que vira na miña
vida.

  Fun bailar, claro.

  Primeiro sen ganas, desexando que rematara a clase para
saír coma un foguete cara a praza. Despois, esperando que
chegara o mércores, día de danza.  Cando me quixen dar
conta era a última en saír dese pequeno universo no que
me sentía tan ben. Se meu pai soubera...



    Dende entón bailaba cando estaba contenta, cabreada,
triste ou feliz.Os meus pés volvíanse tolos se algún
acontecer me favorecía. Se Migueliño me pasaba o balón,
eu bailaba. Se Marta escollía sentar conmigo no comedor
tiña ganas de bailar. Cando Xosé me bicou pensei morrer,
pero bailei.


  Pasaron séculos desde entón. Agora bailo para que o peso
do que fago non me afunda no chan. 

  Ao mal nacido que me aniquilou  para satisfacer os seus
instintos de berme, mateino por vinganza. Aos demáis, por
encargo.

   Non vaia pensar quen estea lendo isto, que son unha
asasina máis. Teño o meu código ético; só mato homes.
Machos que teñen dificultade para controlar os cachos de
pel e carne que lles colga na entreperna. Con este
regulamento e o baile, non teño peor conciencia que se
houbera atropelado un gato por accidente.




         

martes, 26 de junio de 2018




             

Rosalía e o mar

Conta a xente do lugar,
que nunha daquelas mañás
nas que andaba Rosalía pola beiriña do mar,
atopou unha botella coa historia de un rapaz.

Adrián era un mariño
que de tanta saudade
pensou dedicarse o viño.
Despois de a botella beber
e vendo o mal que lle sentou,
decidiu nela unha carta meter
e abanada polo mar a deixou.

Sendo rudo o mariñeiro,
soubo de algunha maneira,
deixar nun cachiño de papel,
case a súa vida enteira.

Os ollos de Rosalía titilaban ao ler,
namorouse sen remedio
desexábao coñecer.

Mandoulle recado o mar
nunha botella vermella
e quedou na espera
de resposta da parella.
Apenas pasaron dous dias e xa recibira misiva
relatáballe aventuras que ela xamais ouvira.
Pensaba de noite nela, miraba de seguido o ceo
soñaba se sería unha estrela
que na escuridade viña velo.
Estiveran fondeados nunha illa afastada
ó barco rompeulle o mastro e arranxárano na Habana.
Tamén avistaron baleas
coas que fixeron amizade
 e ata navegaron con elas.

Noutra botella vermella, volveu Rosalía mandar
unha longa e esperanzada carta para o mar.
Quero verte Adrián, mirarme nos teus ollos,
 sentir as túas mans.

Pasaron máis de dous meses e esta foi a resposta:
Quérote tanto meu ben, que xa non podo enganarte.
Levo anos namorado, bicando os teus pes suspiro.
Este é un amor imposible e eu non deixo de adorarte.
Ti non me soñas, nin sentes,
se non fose por Adrián, nin saberías que vivo.
Eu son o mar Rosalía,
sen corpo para abrazarte
sen beizos para bicarte,
Eu son o mar Rosalía,
ese que miras sen ver.
Eu son o mar Rosalia.








jueves, 15 de febrero de 2018


Apéndices


   Hay bolsillos tacaños y bolsillos burlones.

Los hay que parecen menguantes y otros gigantones.

Existen muchos tipos de bolsillos. Hay documentado algún caso, de

encontrar a un bolsilliario queriendo hacer intercambio, resulta

raro comprobar que haya seres que no sepan, que los bolsillos no

se cambian, ni se venden... solo a veces se transforman.

 Esos pequeños sacos que forman parte de nuestra vida, hablan por

sí solos, nos descubren desde dentro, dicen cómo somos.

Cuando salimos al mundo sin ninguno con nosotros, incorporamos

en su defecto, bolso o bandolera, mochila o una bolsa cualquiera.

Hay quienes lo llaman alma, otrxs le dicen corazón, yo digo que

son bolsillos, donde llevamos lo que somos, lo bueno y lo peor.


domingo, 15 de octubre de 2017

   

   Elías, por favor, baja. Venga hombre, que no es para tanto. Yo a

 veces tambièn me siento desbordado, nos pasa a todos, pero con

 esto no solucionas nada. Ya, joder, ya sè que hablo sin saber, pero

 hago lo que puedo. Tú siempre sabes que decir? Pues eso. Si te

 parece que el papelón que me ha tocado es la hostia de bueno, nos

 cambiamos.

  Venga, hombre, que estoy cogiendo frío y ya era lo que me

 faltaba. Baja de una puta vez. Hay un bareto en la esquina que está

 de puta madre para tomar unas cervezas tranquilos. Venga tío que

no estaremos mucho mejor tomando unos tragos que aquí con este

 puto aire helándonos hasta los huevos. Hazlo por mi joder, que lo

 último que me faltaba era pillar una pulmonía.

 
   Teresa se fue, lo sabías?

Hace tres días. No, no es como las otras veces, esta es de verdad.

 Tampoco importa mucho, mi vida es una mierda con ella o sin ella.

 Pero ahora apesta un poco más. Ala! Ya lo has conseguido!

 He tenido que subir, ya que tú no bajas. Está alto de cojones esto.

 Se puede saber què haces aquí? De verdad que porque te han

 despedido te pones en este plan? Eres la leche, joder!


  María está abajo hecha polvo. Cuando yo subía iba a llamar a la

 pasma. La tienes a ella joder y al puto perro. Yo, sin embargo, què

 cojones tengo? Te lo dirè; una mierda de trabajo que me ahoga, un

 puto piso de alquiler que parece un nicho, con los cajones que dejó

 Teresa vacíos.

  No tengo una mierda, no soy una mierda. Sabes què? A tomar por

 culo! Nos vemos en el infierno.



   Elías se quedó con los ojos muy abiertos viendo como el cuerpo

 de Roberto caía al vacío, se quedó allí hasta que, abajo, en la calle,

 aparecieron las luces de ambulancias y policía. Sólo entonces, con

 mucho cuidado, se levantó y se separó de la cornisa.

jueves, 11 de agosto de 2016

     Al margen


     Dice que fue involuntario, cree que pudo ser de rabia o incluso

de pena, no sabe explicar muy bien qué sucedió. En su defensa

alega que le pusisteis al frente de su comunidad demasiado pronto.

Después de mi larga vida como humano cuesta un poco adaptarse,

eso me dijo. Asegura que no volverá a ocurrir, que al ver la

catástrofe que estaba produciendo el fuego se dejó llevar por

pasiones propias de humanos y olvidó, durante un instante, su

condición. La lluvia no dejó de caer hasta que todos los incendios

estuvieron extinguidos y él no fue consciente de su intervención

hasta que la calma regresó a la zona. Necesita un poco de tiempo

para controlar sus propias fuerzas, me confesó que ser un Dios no

le estaba resultando fácil y la ley de no intervención necesitaba

practicarla más. Ruega al Gran Consejo que tengan todo esto en

cuenta a la hora de valorar su traslado.


martes, 5 de julio de 2016

   



   

  El sistema, final


       Coincidían en el cambio de turno, un minuto o dos.

 Elisa sintió  los ojos de Marcial siguiendo sus pasos mientras 

se dirigía a su mesa. Al principio se asustó, había llamado la 

atención de uno de los supervisores y eso no era bueno. 

Luego, cuando tuvo valor para mirarle ella también, 

descubrió su disimulada sonrisa y supo que no tenía nada 

que temer. Estaba un poco nerviosa, hoy esperaba 

averiguar algunos datos que le permitirían comprender 

qué estaba sucediendo en aquel inmenso sótano 

donde acudía cada día a trabajar. Apenas le faltaban 

unas piezas para encajar en el puzzle de aquella gran 

mentira en la que se había convertido su vida, 

la vida de tod@s ell@s.


 Cuando Marcial llegó a su puesto lo primero que hizo, 

con gestos nerviosos, fue revisar las incidencias del turno 

anterior. Al entrar en el sótano dirigió sus ojos al 

encuentro de la figura de ella, pero no estaba. 

Mientras recorría con avidez las líneas escritas 

en las hojas que había dejado el otro supervisor, 

sintió, aún antes de ver su nombre en ellas, 

una pesadumbre insoportable. Allí estaba, 

Elisa Maxwell reciclada a las 12,45 por actitud 

sospechosa hacia el sistema. 

jueves, 30 de junio de 2016

   



     

     El sistema ll


       Cuando no estemos nosotros vendrán otras gentes a ocupar

 nuestro lugar, no te preocupes. Recuerda que la nuestra es 

 una gran labor, todo lo que sucede arriba, incluso lo 

 que no llega a pasar, depende de nuestro trabajo. 

 Descansa un rato y cuando estés mejor seguimos. 

 ¿Qué por qué fuimos los elegidos? Sólo los que tenemos 

 el alma pura podemos realizar esta tarea. No digas eso, 

 tu alma es de las más limpias que he visto en mi vida. 

 No puedo responderte, no tengo las respuestas que buscas.

 Insistes, eso no ayudará a que te recuperes, 

 deja la mente en blanco y respira por esta mascarilla, 

 así está bien. El plazo normal había expirado a las cinco, 

 Marcial miró hacia el gran reloj que colgaba del muro, 

 eran las ocho. Con cierta pesadumbre apretó un timbre 

 que había medio escondido en la mesa.  

 A los pocos minutos ya se lo habían llevado. 

 Apenas opuso resistencia, pero seguía preguntando.  

 Mientras preparaba al que ocuparía el puesto vacante, 

 Marcial no dejaba de mover la cabeza de un lado a otro 

 en pequeños movimientos contrariados. 

 Animaba al nuevo en la tarea a la vez que él mismo borraba

 cientos de datos, cambiaba declaraciones 

 y dejaba expedientes inmaculados donde antes

 había pruebas incriminatorias de diversa índole. 

 Le quedaba una larga noche hasta que entrara 

 el otro turno y pudiese verla un instante, sonrió.